"No es en el conocimiento que se halla el fruto, sino en el arte de cogerlo" SAN BERNARDO Tratado sobre la consideración, 105

jueves, 16 de febrero de 2012

El mundo antiguo: Egipto, Grecia y Roma

Las características físicas del territorio que alberga cada uno de estos pueblos condicionan y determinan su desarrollo y evolución y les confiere una personalidad propia que les identifica. Así, las extensas y fértiles tierras del valle fluvial del Nilo están habitadas por un pueblo agricultor, con artistas, obreros, servidores y esclavos. Sobresale la profesión de escriba y destaca una gran organización política, administrativa y judicial. El faraón tiene el poder absoluto. También la tierra es propiedad del faraón, que la cede en usufructo a los soldados y a los templos; a los agricultores les deja en vitalicio la casa, el huerto y la viña. La mujer egipcia de la antigüedad era independiente; tenía derechos jurídicos y participaba en política y en religión.

En Egipto, desde el faraón hasta el más insignificante de los ciudadanos disfruta todo lo posible en esta vida y trata de conseguir lo mismo para la eternidad. De aquí los grandes monumentos funerarios y los templos. Las particulares características de la escultura exenta o de bulto, que se mantuvieron invariables por mucho tiempo, indican que, con ella, se pretendía imponer un sentimiento de respeto y distanciamiento sagrado hacia quienes la contemplaban.

Fragmento de escritura jeroglífica en egipcio tardío. Tumba de Seti.
Grecia, en cambio, tiene un territorio  muy montañoso. Con muy poca tierra. Está abierta al mar. Todo ello refuerza la singularidad de las ciudades griegas -ciudad/estado-: minúsculas unidades políticas estructuradas en diversos grupos sociales. El excedente de población la empuja hacia el mar y coloniza la costa norte del Mediterráneo. Los ciudadanos -nobles- eran los propietarios de las tierras y de los ganados y gobernaban la ciudad. Los metecos eran griegos no atenienses, fenicios y egipcios; eran artesanos y comerciantes y no tenían derechos políticos. Tampoco, las mujeres ni los esclavos. 


El comercio se dejaba en manos de los fenicios. Los colonizadores estimulan la economía y las ciudades comarcales favorecen el nacimiento de la democracia: “Los asuntos de todos han de resolverse entre todos”; y de la filosofía antropocéntrica: “El hombre es la medida de todas las cosas” (pero no, la mujer). El pensamiento se dirige hacia la autonomía racional respecto a lo que es religioso y hacia la libertad del individuo. El arte: armónico y equilibrado.

Roma ya era República cuando las polis griegas luchaban entre sí: “Los romanos son hombres libres y, por tanto, no servirán a un rey”. Los romanos trabajan la bondad de su tierra. El ejército los reclutaba expresamente para las guerras, que solían librarse durante el verano coincidiendo con la época de menos trabajo. Los hombres libres -plebeyos- se reunían en el Foro donde discutían y aprobaban las leyes. El Senado estaba formado por los patricios -los cabeza de las familias más importantes de Roma-, que proponían y sugerían leyes al pueblo. Había dos cónsules. Compartían las funciones propias de un rey. Se renovaban cada año para evitar que acumulasen demasiado poder. Sólo los ciudadanos romanos tenían derechos políticos y, en ocasiones, también, algunos ciudadanos de ciudades aliadas.



En poco más de tres siglos, Roma domina y coloniza el Mediterráneo. Cada ciudad está ligada a Roma por un tratado tan duro cuánto mayor haya sido su resistencia. Los tributos de las provincias enriquecen al estado y a los ciudadanos. Los romanos admiran profundamente la cultura griega.

De Roma hemos heredado el Derecho; las redes de ciudades; obras públicas como el alcantarillado, los acueductos, los anfiteatros y las vías de comunicación –muchas de estas calzadas romanas, en distintos lugares del antiguo Imperio Romano, se mantienen en uso en la actualidad. También, la moneda.


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