"No es en el conocimiento que se halla el fruto, sino en el arte de cogerlo" SAN BERNARDO Tratado sobre la consideración, 105

martes, 20 de marzo de 2012

Tomás de Aquino. Pensamiento y Obra

Tomás de Aquino fue ordenado sacerdote en 1252 y empezó a dar clases en la Universidad de París. (La Universidad de París, además de ser la más prestigiosa de Europa, disfrutaba de una libertad única en el mundo medieval). Dos años más tarde aparecían los primeros escritos, particularmente notas de clase y apuntes (igual que Aristóteles). La primera obra importante, "Scriptum super quatuor libris Sententiarum Magistri Petri Lombardi", escrita entre 1254 y 159, es un comentario de una obra relacionada con los sacramentos de la Iglesia, "Sententiarum libri quatuor" (Cuatro libros de sentencias) del teólogo italiano Pedro Lombardo.



Tomás de Aquino y Aristóteles
En 1256, Tomás de Aquino obtiene el doctorado en Teología y es nombrado profesor de filosofía en la Universidad de París. Pero, pocos años después, en 1259, el papa Alejandro IV le llama a Roma para tenerle cerca como teólogo y consultor de la curia papal.

En Roma impartió clases en Orvieto, Roma y Viterbo, es decir, allá donde, sucesivamente, residía el Papa. Fue ésta una época muy fecunda para Tomás como escritor. En Orvieto, el helenista Guillermo de Moerbeke realizó una meticulosa traducción de las obras de Aristóteles para Tomás y, en ese texto, basó el de Aquino sus famosos comentarios a las obras del Estagirita.

El magisterio de Tomás de Aquino
Santo Tomás regresó a París en 1269 donde el ambiente de la Universidad no era muy favorable a la Orden de los mendicantes. Permaneció allí hasta el 1272, rodeado siempre de un excepcional ambiente creado por el aprecio de sus alumnos y el prestigio cada vez mayor entre los grandes pensadores del momento.

En este mismo año, Tomás retorna a Italia como profesor en la Universidad de Nápoles con la intención de finalizar la que sería su segunda gran obra, la Summa Theologica, con la que perseguía el objetivo de reunir todos los elementos separados de su obra en un sistema filosófico inteligible. Quería recoger en ella toda la doctrina moral, intelectual i teológica de la Iglesia Católica. A pesar de que no pudo completarla, esta obra está considerada, aún en nuestros días, la mejor y más completa exposición del pensamiento medieval.

Tomás de Aquino murió el 7 de marzo de 1374 en la abadía de Fossanova, cuando acudía, enviado por el Papa, al Concilio de Lyon.

Fecundidad intelectual
Cuando, como es el caso, se hace un intento de aproximación a la personalidad y a las obras de Tomás de Aquino, una de las cosas que más llama la atención es la variedad y la extensión del conjunto; mucho más si tenemos en cuenta que las escribió en poco más de 20 años y que, además de escribir, dedicaba horas y más horas a otras actividades, entre ellas, estudiar y meditar.


La profundidad filosófica y teológica de sus trabajos indica que no se han escrito de prisa y corriendo, ni a vuela pluma, sino que son el resultado de un esfuerzo enorme de meditación, de síntesis y de superación de muchas opiniones diferentes, examinadas y contrastadas minuciosamente, además de ideas propias así como de la ordenación rigurosa de tantos y diversos materiales.

La búsqueda de la verdad
Muchos autores destacan de Santo Tomás su apasionamiento por la verdad. Efectivamente, nunca le importó enfrentarse a sus contemporáneos, amigos o adversarios, en su anhelo por la verdad. Hacía suya aquella idea de Platón cuando afirmaba que la verdad no tiene amo. De los árabes, Avicena y Averroes; de los judíos, Ibn Gabirol y Maimónides; de los griegos y latinos, Platón, Aristóteles, Cicerón y Séneca; de los cristianaos antiguos como de los más recientes, Agustín, Gregorio, Juan Damasceno, Jerónimo, Isidoro, Hilario, Pedro Lombardo y Alberto Magno. De todos ellos aprende y acepta, agradecido, la parte de verdad, grande o pequeña, que le ofrecen sus enseñanzas “porque la verdad es cosa divina, ya que se encuentra en Dios de manera aprimera y principal” y también porque, añade, “la verdad es el fin último de todo el universo”.

Independencia intelectual
Con ese talante, es fácil comprender que mantuviera si independencia intelectual prescindiendo de los prejuicios de escuela, de simpatías y de antipatías personales y que, con su mente abierta, fuera capaz de entender que en todos los filósofos y teólogos que le habían precedido había algo de verdad. Para él, las obras de Aristóteles y las de San Agustín no eran divergentes sino que, en realidad, se complementaban y se armonizaban. Posiblemente aquí se halle la raíz de la originalidad de Santo Tomás. Él no rompe con el pasado sino que, aprovechando equilibradamente todos sus hallazgos, añadiéndole su reflexión profunda y pormenorizada, llega a ser más original que ninguno de los de su tiempo. Y lo hace con una característica que preside toda su obra: el orden. Toda ella está presidida por la armonía entre el orden natural y el orden sobrenatural; entre la naturaleza y la gracia; entre la razón y la fe; entre la filosofía y la teología.


Resumiendo mucho, podemos analizar su pensamiento distinguiendo dos etapas: la primera, de 1245 a 1259, es un periodo en el cual predominan las ideas aristotélicas (Avicena y Alberto Magno) y las neoplatónicas (San Agustín). Corresponden a la primera etapa obras tan importantes como los comentarios a las obras de Pedro Lombardo, Boccio, el opúsculo “De ente et essentia” y el primer libro de la “Summa Gentiles”. Esta obra tenía como finalidad orientar a los predicadores que trataban de convencer a judíos y musulmanes de la verdad del cristianismo y se sustentaba en argumentos racionales y filosóficos prescindiendo de los argumentos eclesiásticos.

En la segunda etapa, de 1259 a 1273, es incuestionable la preponderancia del pensamiento aristotélico con sus extensos comentarios a la Ética nicomáquea. Este periodo coincide con un momento de crisis en la Universidad de París dónde la pugna entre franciscanos, de orientación agustiniana, y los dominicos, más influenciados por Aristóteles, provoca una grave inestabilidad. Y, es en este contexto que Tomás elabora toda una síntesis de los problemas filosóficos más discutidos, tales como fe y razón, creación y política. Acaba la “Summa contra Gentiles”; escribe sobre cuestiones polémicas relativas al mal; escribe sobre el alma; escribe opúsculos contra los averroistas como “De aeternitate mundi” y el “De unitate intellectus”. De todas ellas, la más importante es la “Summa Theologiae”. En ella, Santo Tomás consigue emparejar la teología con la filosofía, el orden natural y el sobrenatural.







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